Suena el despertador. –Mierda, se me olvidó apagarlo– Se dice
Es sábado y Carlota no tiene que ir a trabajar hoy. Odia los fines de semana, no tiene que ir a trabajar y es lo único que hace en su vida, trabajar. Es una periodista de un periódico muy importante pero los sábados puede descansar.
Se levanta de la cama, va al baño, se lava la cara y se hace una coleta. Vuelve a la habitación, abre el armario y se pone lo primero que encuentra.
Se puede decir que Carlota vive muy bien respecto a su situación económica, su padre era un empresario de alto calibre, lo único malo es que siempre tenía que trasladarse a una ciudad nueva. Desde que tiene uso de razón Carlota ha estado en más de treinta ciudades viviendo. Quizás ese sea uno de los motivos por los que no tiene amigos, nunca le ha dado tiempo a aprender a adaptarse.
Hace dos años, su padre tuvo un accidente de avión, al ser hija única toda la herencia le tocó a ella.
Baja a la cocina, se prepará un café y coge la correa para Max.
Max es su perro, su animal de compañía, es lo único que tiene, ni novio, ni hijos, ni siquiera una mejor amiga.
Sale a la calle con su gran dálmata.
–¡Mira que buen día hace Max! ¿Vamos al parque?–Dice Carlota sin esperar respuesta.
Se pone las gafas de sol y va directa al parque.
Muchas personas la miran. Carlota siempre ha sido la envidia de muchas chicas, alta, morena y ojos verdes y grandes, con pecas.
Es otro de los motivos por los que no ha tenido amigas, la envídia.
Al llegar al parque se da cuenta de que empieza a ponerse un poco nublado, pero no se da media vuelta, al contrario, se adentra más en el parque.
Cuando llega a la parte más solitario que hay en el parque, decide darse la vuelta, pero Max no quiere, y empieza a ladrar.
–Perro malo, ¿Estás tonto? Venga, que nos vamos a mojar.
Pero Max continua haciendo fuerza para llegar hacia unos arbustos.
Carlota no tiene más fuerza y suelta la correa sin querer, Max se acerca más a los arbustos y de repente sale un pequeño gato.
Dos segundo más tarde, aparece un jóven, alto, moreno, despeinado y de ojos azules. Corre hacia su pequeña gata blanca mientras Carlota corre hacia Max.
Cuando por fín han conseguido pararles, Carlota le pide disculpas.
–Lo siento de veras–Dice ella toda sonrojada.
–No importa, en serio. Me llamo Sergio, encantado.
–Yo Carlota, encantada también. Por cierto, no quiero ser cotilla, pero ¿Qué hacías ahí?
–Bueno, la verdad esque vivo ahí, y esta es mi pequeña gata, se llama Ginebra.
–¿Vives ahí? Vaya, no lo sabía lo siento. Por cierto, ¿Quieres que te invite a un café o algo como disculpas por lo de mi perro?
–Claro, como no.
Los dos salen del parque con sus respectivos animales hacia la cafetería más cercana sin saber que ese día cambiaría sus vidas para siempre.
sábado, 23 de febrero de 2013
Capítulo 1.
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