Las rutinas que nos consumen lentamente.
Una mañana como otra cualquiera, las tostadas como ayer, el mismo café, ropa parecida para hoy, como los dias anteriores de la semana, un saludo como el de ayer, una sonrisa como la de ayer, los mismo recuerdos de ayer, los mismos defectos de ayer, las mismas manías de ayer, los mismos enfados de ayer, las mismas ilusiones de ayer, las mismas prometas rotas o por romper de ayer, las mismas hostias que nos dimos ayer, las mismas mentiras de ayer, las mismas verdades que nos han dolido de ayer, los mismos sentimientos de ayer, los mismos tropiezos de ayer, los mismos sentimientos de ayer, las mismas razones por las que nos hundimos de ayer, las mismas personas que nos ayudan a levantarnos de ayer, los mismos falsos y estúpidos de ayer.
Entonces, de repente, pasa algo, se para el mundo, el mundo y la gente que está en el.
Te das cuenta de que solo tú te mueves, lo demás no existe.
Ya no hay dolor, risas, ilusiones, falsedad, recuerdos, sentimientos, verdades, promesas, tropiezs, enfados, manías, no, ya no hay nada.
Te das cuenta de que no vale la pena arrepentirse, ¿Para qué preocuparnos por un pasado que ya no tiene futuro?
Miras hacia atrás como despedida, puesto que no lo volverás a hacer, nunca más. Sonries, lloras. Te levantas, te limpias el polvo, miras hacia delante, no esperas a que una nueva puerta se abra, le das una patada para abrirla tú. "HASTA OTRA, SOLEDAD" le dices a esa asquerosa sensación.
Caminas con la cabeza alta, seria, pero feliz. Y vas, y te comes el mundo.
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