domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 3.

No hay nada mejor que un café recién hecho un domingo lluvioso.
Carlota se levantá temprano, para variar, se le olvidó apagar el despertador.
Pasa por la habitación de Sergio, pero está entreabierta, algo falla piensa Carlota.
Mira por el pequeño hueco que hay, comprueba que la cama está hecha, Sergio no está.
Carlota entra a toda prisa com el corazón a mil en el cuarto, Busca a un lado, a otro, debajo de la cama, en el armario, nada. Con ganas de llorar se echa en la cama y mete las manos debajo de la almohada, nota algo, un papel, lo saca, es un sobre. "Para Carlota" pone en el pequeño sobre.
Con el corazón a mil, lo abre.
"Querida Carlota. Siento haberme ido así, sin avisar, pero anoche cuando me fuí a la cama me puse a pensar que nuestra amistad es muy difícil, yo vivo en la calle, tú en una enorme casa, yo no tengo a nadie, supongo que tú tendrás a muchos amigos. No me puedo quedar así, en tu casa, sin conocernos de nada, quiero rehacer mi vida, empezar de cero, y si tú me ayudas, no usaré mi esfuerzo, así, mi vida no valdrá tanto. Siento mucho despedirme así, me parecías una gran persona, pocas son así, como tú. Bueno, no creo que me vuelvas a ver, me iré de esta ciudad, encontraré más puertas abiertas, y aquí lo veo imposible. Además tengo miedo de enamorarme de ti, quizás sea un cobarde, pero somos muy distintos, tu no querrías a un mendigo como yo, hasta siempre, Carlota".

Carlota se puso lo primero que vió en el armario, salió a la calle, con la lluvia en la cara, contra el aire, contra todo, llegó al parque, estaba vacío, sólo había lluvia y más lluvia.
Llegó a los arbustos donde le vió por primera vez. No estaba.
Se adentró más en el parque, nada. Ni rastro de él ni de su pequeña gata.
Triste, cansada y empapada se marchó a casa.
Todavía no podía creer lo que estaba pasando. ¿Por qué? se preguntaba una y otra vez.
Cuando llegó a casa, ya no llovía, lo único que quedaba era charcos, charcos y recuerdos. Quizás solamente haya sido un día, pero ¿y qué? me lo he pasado como nunca. Supongo que habrá sido mi culpa, no sé hacer amigos, pensé que esta vez sería distinto. Se dice una y otra vez.

Se pasó todo el domingo en el sofá sin hacer nada, miraba a un lado y a otro, de vez en cuando iba al baño, luego se volvía al sofá. Se sentía tan vacía, que mañana sería la primera vez que faltaría a su trabajo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario