Las siete y media y Carlota no sabe aún que ponerse. Saca del armario la poca ropa que podía llevar en la maleta. Encuentra un vestido que no se había puesto todavía.
–Bien – Dice ella toda feliz en la solitaria habitación del hotel.
Es un vestido negro, sin mangas y le llega hasta las rodillas.
Se pone unos zapatos negros también. Va al baño y se suelta el pelo, caen lentamente por los hombros sus pequeños tirabuzones.
Se maquilla un poco y ya está lista.
Las ocho menos dos minutos.
Baja al gran salón del hotel por el ascensor, pasa por recepción y allí está Sergio.
Carlota no le reconoce al principio, nunca le había visto así, tan arreglado, está genial. Piensa ella.
–Hola pequeñaja–Le dice el entregándole una pequeña rosa roja.
–Vaya Sergio, muchas gracias, por cierto, estás genial.
Se lleva la rosa a la nariz y aspira su intenso aroma con los ojos cerrados.
–¿Huele bien?–Pregunta Sergio sonriendo.
–Huele genial.
–Bien, pues vayamonos ya, el taxi nos espera en la puerta.
Y salen del hotel en busca de aquel taxi.
Una vez dentro, le indican la dirección al señor que conduce el automóvil.
Es un hombre que tiene ya su edad, o eso aparenta, pero no. En realidad es mucho más joven que lo que la gente piensa, el único problema es que ese hombre no se arregla como las personas que suele llevar detrás. No tiene tanto dinero. Tampoco sonríe. Nadie lo sabe pero su mujer murió hace dos días por un cáncer. El no puede faltar al trabajo, es lo único que tiene para sobrevivir.
Una rato después, Sergio y Carlota bajan del taxi, se despiden del pobre señor y, entran en el restaurante.
–¿Qué quieres pedir?–Pregunta Sergio.
–Pues lo que tú quieras, lo compartimos.
–Dicen que aquí la lasaña está genial.
–Mmmm, lasaña.
–Pues pidamos–Dijo Sergio mientras levantaba la mano para avisar al camarero.
Después de la lasaña y una larga conversacción acompañada de risas, llegó el postre.
–Fresas con nata, me encantan–Dijo Carlota relamiendose los labios pintados de un rojo intenso.
–A mi también me encantan.
–¡A comer!–Dijo Carlota gritando en medio del restaurante mientras todos la miraban. Se echó a reir.
Pidieron la cuenta y salieron del restaurante.
–¿Damos una vuelta?–Pregunto ella.
–Claro.
Llegarón a un parque.
–Me lo he pasado muy bien contigo, Sergio.
–Y yo contigo, Carlota.
Se miraron a los ojos, y ocurrió.
Sergio la besó. El mundo se paró.
Nada se escuchaba en el parque menos un 'te quiero' pequeño y sincero que salió de los labios de Carlota.
Ya nada importaba, nada menos ellos dos.
jueves, 28 de febrero de 2013
Capítulo 6.
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