domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 4.

Pasaron los días, semanas, incluso meses.
A Carlota ya no le llenaba el trabajo, iba sin ganas de escribir, ni hablar cono sus comprañeros, nada.
Un día, en la oficina del periódico, le llamó su jefe.
"Toc toc" suena en la puerta del señor.
-Adelante.
-Jefe, ¿quería verme?
-Sí, sí, pasa Carlota, querida.
-Buenos días, jefe.
-Sientate.
-Bueno, ¿Qué quería?
-Necesitamos que hagas un reportaje, muy importante, Carlota.
-Vaya, ¿sí? muchas gracias señor.
-Carlota, entiende que no llevas una buena temporada, creo que te vendría bien un cambio de aires, y por eso te he dado a ti este reportaje.
-¿Eso significa que el trabajo no será en la ciudad?
-No, no será aquí.
-Vaya jefe.. no sé...
-Por favor Carlota, es lo mejor para ti, además tienes mucho nivel, eres la mejor que encaja en este trabajo.
-Está bien, ¿cuando me iré?
-Mañana, el avión sale a las 10.00. Te doy el día libre pars que prepares tus cosas, te mandaré por e-mail el trabajo, de qué va, etc.
-¿MAÑANA? vaya jefe, pues me voy corriendo, muchas gracias, ¿cuanto tiempo estaré allí?
-Dos meses,
-Está bien, gracias señor. ¡hasta pronto!
-Adiós Carlota, cuidate, recuerda que es un trabajo muy importante.
Carlota cierra la puerta y recoje todo lo necesario para su reportaje, más tarde, se va a casa pensando que es lo mejor que puede hacer ahora, cambiar de aires, olvidar todo lo que ha pasado.

A la mañana siguiente ya está todo preparado para coger el avión. Coge un taxi y ya está en el aeropuerto, una hora para que salga su vuelo.
Un viaje no muy largo, dos horas. Cuando llega al hotel está encantada, es precioso, la ciudad es preciosa, todo es perfecto, además el reportaje le gusta mucho, sólo espera que los recuerdos no lo estropen todo.

Todas las mañanas se levanta a las ocho, baja al hotel, se lee el periodico mientras se toma el desayuno, va a su nueva oficina, y junto con sus compañeros comienza a trabajar, después, a medio día, se va a la cafetería, baja las escaleras y cuando llega...
-Mierda, está cerrada, iré a la de la vuelta de la esquina-Se dice.
Cuando llega nota algo raro en su interior. Pero entra.
Se sienta y llega el camarero, ella tiene la carta de los cafés en las manos y no ve al camarero.
-Bueno días, ¿qué desea tomar?-Dice un joven camarero.
-Un café con leche, por favor-Dice ella con la carta aún en las manos.
-¿Carlota?-Dice el joven.
A Carlota le da una vuelta el estomago. Es la voz de Sergio. Baja la carta, y sí, ahí está el. Tan despeinado como siempre y con esos ojos azules.
Los dos se quedan inmóviles, sin saber que decir, que pensar, que hacer.

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