martes, 19 de febrero de 2013

S(o/u)ciedad.

Se levanta a las 7:00a.m, tiene que ir al colegio, ella lo odia. Se viste, no está convencida, se vuelve a cambiar, mil veces, nada le sienta bien, eso piensa ella. Va al baño y se mira al espejo, pone cara de preocupación, sí, le sobran tres kilos, se dice a sí misma que empezará a adelgazar, se lava la cara y va a la cocina, su madre le ha hecho el desayuno. Ella, con mala cara, se lo come.
Su madre no sabe que nada más salir de casa ella irá al bañado, se agachará y con lágrimas en los ojos, sentirá como su estómago se va vaciando poco a poco.
Al llegar al colegio mira a sus compañeras, "¿Por qué no puedo ser como ellas?" Piensa para ella. Que injusto es, se repite.
A la hora de la comida y de la cena se repite lo mismo. Al principio se sentía bien haciéndolo, ahora ya no puede parar, se ha convertido en una rutina, todos los días su cabeza se apodera de ella, es inebitable parar. Los médicos le decían que esto no era un juego, sus padres se preocupaban por ella, y todo porque a un gilipollas se le ocurrió llamarla gorda hace dos años ahora ella está ingresada en un hospital a punto de morir.
Porque no sólo matan las armas. La sociedad consume cada uno de nuestros pensamientos hasta matarnos.

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