Ya es tarde, son las tres de la mañana, nunca se acuesta tan tarde, pero hoy no podía dormir. Sólo era capaz de dar vueltas en la cama, de abrazar la almohada y de tirar de las sábanas para arriba. Lo ha intentado todo, no pensar en nada, escuchar música, dar vueltas por la casa, nada. Hoy no podrá dormir. Lo único que hoy la acompaña son los recuerdos, tristes, bonitos, sinceros, pero, al fin y al cabo sólo son recuerdos, ahí se quedarán, aunque ella cambie, aunque todo cambie, los recuerdos no cambiarán. Quizás es por eso por lo que nos aferramos a ellos, porque es lo único que queda de una amitad, un amor, o algo así.
Esta noche ella quiere huir, pero, pensándolo mejor, por mucho que intente escapar, ellos, malechores, irán a su busca, a apoderarse de ella, de sus lágrimas y de sus sonrisas.
Ya son las cuatro de la mañana, "¿Qué más puedo hacer?" se pregunta pensativa una y otra vez. "¿Para que mentir?, ya nada volverá a ser como antes, todo ha cambiado, yo he cambiado" se repite una y otra vez.
Todo cambia, el sol se convierte en nubes, las sonrisas en lágrimas, un 'adiós' en un nuevo saludo. La noche al día. La niñez en la joventud. Las esperanzas en decepcciones. Las promesas en pedazos. Porque nada dura para siempre más que los recuerdos.
A la mañana, ella, decidida y sonriendo, se levanta de la cama, va al baño, se lava la cara y dice para si: Hoy, hoy es mi día, hoy me como el mundo. Después va a su cuarto y escribe en un papel "Hoy sonrio, mañana también" y con nuevas ilusiones, cierra la puerta, sabiendo que dentro de poco, otra se abrirá en sus narices.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Falsas promesas.
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